Aquí Estoy



No será fácil, lo sabes y lo sé, no será fácil entregarte algo tan preciado. No porque me cueste dejarlo, sino porque quiero que sea tuyo. Como sangre de mi sangre pondrás mi corazón en mis manos y voltearás la cara, me dirás que no lo quieres, que no me quieres como yo a ti. Una dos o tres sartas de clichés y frases de novelas, un abrazo frío y sin final, una sonrisa que me dirá: "vuelve a intentarlo, quizás te va mejor". Jugarás con mi amor y mi deseo, dejarás que acerque mis labios a los tuyos, perfectos, sensuales, dulces y perdidos. Me dejarás amarte y luego te irás como siempre, sin voltear, un tanto culpable, un tanto vil y tal como yo, amarás eso.

No será fácil, lo sabes y lo sé, no será fácil entregarte algo tan preciado. No porque me cueste dejarlo, sino porque no sé si quieres que sea tuyo. Me mirarás a los ojos, tus dedos como pétalos lánguidos besarán mis mejillas frías. Yo, silencioso y sumido en tu aliento me acercaré a tus labios entreabiertos, en un segundo mi vida entera paseará en la comunión mágica de nuestras libertades. Así nacerán flores de donde ayer hubo llanto y tus mejillas y las mías sonrojadas de nerviosismo serán bastiones idealizados y locos de la más profunda poesía.

Beberemos juntos en un bar, nos tomaremos de las manos, enamorados del silencio y la contemplación. A nuestro alrededor el mundo dará saltos de algarabía y se oirán risas, pero nada habrá más que tu y yo, en el corazón de la nada.


Saludos a la Sole, a la Makita y a Yupi, que estuvo de cumpleaños.

Cuanto más quieres a una persona, menos palabras tienes para expresarlo, es una de las tantas ironías que mantienen mi vida en esa fina línea que la separa de la realidad.

Ella es un ser mágico, confuso, una maravilla salina. Mujer eterna, madre primordial de mi imaginario, nació del vientre de un hada que en medio de maderas tortuosas ocultó su halo de niebla. Su nombre es una brisa quieta, como una caricia de brazos vegetales, como hondura de montaña.

Tenía un clavel en las manos cuando la vi por primera vez, un clavel rojo. Caminaba a mi lado sonriendo, bebimos en un pub del centro, luego fuimos a bailar. Llevaba un clavel en la mano izquierda, un clavel rojo. No sé si lo notaba, pero en el corazón de ese clavel estaba mi vida, entregada a su existencia, a su aliento, a su mirada gloriosa. Esa noche nos fuimos esquivando su casa, nos sentamos a cantar en la avenida, la abracé torpemente un par de veces. Corté dos copihues, se los di sin mirarla a la cara, no quería que me descubriera.

Esa noche nos reimos de todo, jugamos a que éramos novios, a los cohetes y a que éramos un dúo de cantantes. Fuimos tan felices, era yo su alegría y ella la mía, éramos perfectos en medio del silencio de la ciudad dormida.

La esperé una hora, sentado en el paseo, la llamé hasta el cansancio, me di libertad de esbozar un puchero de pena. Pensaba que no quería verme, que estaba triste y no era yo lo que necesitaba.

Me di la libertad de derramar una lágrima. Justo cuando un niño se sentó a mi lado y me preguntó a quién llamaba; "a mi polola", le dije. "¿Por qué lloras?", "porque no sé dónde está".

Esa noche jugamos a que éramos novios, novios especiales. Esa noche le canté un flamenco herido, más que provocación. Esa noche regresamos esquivando el final.

Esa noche fui feliz, ella era mi alegría y yo la suya. Mágica, tan infinitamente mágica.

Muchas gracias Coté, por estar conmigo, por sonreir al verme, por existir.

¿Me acompañas al recital de Vicentico?

Ella apareció de pronto en mi vida, sin dar aviso, como una luna furtiva, como una estrella dulcemente loca. La abracé y abracé su temor, me abrazó y abrazó conmigo a mis miedos y alegrías.

Ella es dulce, es un néctar irrepetible, es la niebla más suave. Es quien bendice mis sueños, quien bebe tragos amargos de mis penas, quien me regala sonrisas y guarda las mías en su corazón.

Dice que yo soy un ángel, yo digo que ella lo es. En fin, quizás ambos lo somos o tal vez es sólo que nos queremos mucho, que hacemos del otro un ser mágico, único y eterno.

Es mi fortuna y mi alegría, un ser de luz, ¿cómo puede ella tomar un bastión tan grande de mi corazón, en tan poco tiempo y en total gloria? ¿Acaso no es ilógico?

Sin lucha, sin banderas flameando, sin cánticos mortales, sin voces derrocadas, sólo bastó ella, sólo basta ella, el influjo extraño de su corazón, la dulzura de su mirada, de su estampa frágil y poderosa a la vez.

Ella es la luz de mi corazón, mi amiga y confidente, mi ángel de la guarda.

Gracias por todo Makita, te debo mucho, espero que, gesto a gesto, pueda alegrar tu corazón y hacerte sentir tan bien como me haces sentir a mí.