Hace 11 meses...


Hace once meses muy pocas personas sabían de lo nuestro. Hace once meses ya soñábamos con una vida juntos, hace once meses nos imaginábamos una vida de alegrías e idilios. Amor mío, ¿es así la vida que nació en tus sueños de niñez?, ¿soy yo el hombre que imaginabas cuando entre flores silvestres veías el destino reflejado en la suavidad de las nubes?

Hace once meses yo, atrevido, me acercaba lentamente a tus labios y con dedicada delicadeza besaba tu boca pequeña y dulce, yo temblaba como un niño asustado, mientras en tu pecho llevabas una procesión de dudas y confusiones. Quise regalarte amores nacientes, tocar tus dedos, acariciar tus mejillas, dibujar en el aire ternuras sólo tuyas, sólo tuyas.


¿Recuerdas el aroma del aire que nos cobijó?, ¿recuerdas el temor que juré desterrar de tu corazón?


Amor, mi niña, hoy es un día especial para nosotros, como muchos antes de este y como muchos lo serán en el futuro. Somos une hermosa pareja, somos el uno para el otro (que bello suena, ¿no crees?).


Déjame tomar tu mano para vivir la vida juntos, déjame mirar tus ojos y jurar una vez más; que te amaré toda la vida, como sólo a ti puedo amar.

Te Amo María de los Ángeles, Te Amo y siempre te amaré...

Estoy orgulloso de ti...

Te Extraño


Desconozco en términos prácticos la distancia que nos separa ahora...pero de seguro son miles de kilómetros...esta loca imposibilidad que dan las circunstancias y la intensidad de la necesidad me hacen, por lo menos, odiar la razón de las magnitudes. Puedo vivir estas horas sin ti, es muy probable que no muera por tu ausencia o por la soledad a la que has sometido a mi cama, pero si me apuras, como diría Solavarrieta, te aseguro que a pesar de que mi vida no corra peligro no tengo ni la menor intención de estar solo.

Está bien, no corro peligro, pero no es eso motivo suficiente para revelar frente a ti mi conformismo. La obsesiva forma en que la tiránica Exterminia intenta alejarte de mí no hace más que alimentar mis ansias por correr hasta tu ventana y luego de mil llamadas pidiéndote que asomes aparecer como la imagen de un espectro ante tu atónita mirada. No me pidas que sea displicente en esta situación en que la injusticia se cierne sobre mi cabeza. No es la forma en que un partisano hace las cosas, ante la forma en que esta señora (que tal vez es un poco diferente) te protege de mis sucias garras no me queda más que luchar feroz y ciego.

Te extraño, estoy tan cerca de ti...a pasos de ti, a una fría y desolada caminata se encuentra la razón de la gloria...tú, amor de mi vida, estás donde duerme el silencio, en el seno de un lugar que jamás antes noté y que ahora se transforma en el centro absoluto de mi universo...si eres mía no entiendo el porqué de esta tediosa lejanía. Allí estás, sentada frente a las victorias que bendijo con su brazo guerrero el mismo universo, esperas un qué sé yo, al más puro estilo de un clásico tango...no sé qué es lo que buscas y tampoco entiendo el motivo de tu espera. No soy yo, yo estoy aquí, siempre presente, como la memoria, pero no me miras ni te acercas a buscar en mis labios un sorbo de lujuria nebulosa. Quizás esperas que el mundo duerma para secuestrar mis reacciones y acercarme de súbito a la gloria de tu presente y viva majestad. ¿Qué sé yo?...yo sólo espero una mirada, pero tú no me miras...

Te extraño y de tanto anhelarte siento como flaquea mi propia seguridad...ahora mismo lucho contra lo probable y me doy cuenta de que no importan los reportes médicos ni los programas acerca de la inexpugnabilidad de la vida...si no estás conmigo corro riesgo de dormir y no despertar más, de visitar el cielo de perritos para despedirme de "Cheo" antes de descender al mismísimo Averno. Mucho no puedo hacer...llamarte sería perturbar tu reflexión y aparecer frente a tu ventana despertaría tu encono...quizás deba caer, como me lo dicta el poderoso influjo de un fatalismo que surgió con poder telúrico y que no se detiene...

Amor, intentaré mantener la vida hasta mañana, cuando se cumpla una vez más la dulce promesa de nuestro encuentro...

Yo Te Amo María de los Ángeles...

Suavidad...


Como si la vida se resumiera en tu mirada buscaste mis ojos con expresión dulcemente celestial, querías decirme algo en un lenguaje que desde los paraísos seculares desciende a las almas presurosas. Una expresión diáfana cruzó mi frente enamorada y sin mediar un gesto más me golpeaste con un beso, con una caricia temblorosa y la voz extraviada sobre destierros inimaginables. Más no pude hacer que estallar en franco y desolado llanto...así, al fin, nos fundimos en la humanidad...


Te bebí silencioso, con el aliento agitado. Pecador insigne, gritaron sobre mi cabeza las voces de cuantas vidas acuna el cielo, ¿por qué callas ahora?, ¿qué esperanza de cristal sostiene tu pecho húmedo, enloquecido y amante? Nada más dijo la luz de los condenados, de los inocentes y los purgados, la noche terminaba sobre nuestros cuerpos desnudos, pero en el terrenal edén de tu vientre se alzaban apenas las primeras semillas de una tarde gloriosa...sin miedos me acerqué al centro del universo para coger de entre los soles convocados un racimo de brillos estelares, una ánfora de mieles divinizadas y un retazo de cielo absoluto y antimaterial. Tú dormías entregada a los tiempos que danzaban sin voz entre las tenues antorchas de una selva misteriosa y desconocida, tu piel imperiosa besaba las hojas del cedro que bebía en los mares almibarados de la memoria, en fin, la boca del tiempo se calló y una lágrima calló estrepitosa por su mejilla, su paso se hizo estandarte y nunca más fue recordado con temor.


Tomé tus dedos y tu cintura, y tu vientre y tus pechos, y tu frente y tus mejillas y las besé, sin temores ni recatos en medio del más claro atardecer, cuando un ocaso de nieve se regocijaba en tus piernas y el tenue atisbo de un leve escalofrío desaparecía y se fusionaba en mis brazos. "Que Dios te bendiga", susurré con más ardor que locura y caí entre tus brazos, así la vida se volvió hacia mí y con una mirada precisa se remontó a mi pasado. Mil voces, mil sonrisas, mil tormentas y mil silencios, todos se agolparon sin prisa ni temor, como evocando un caos concebido en los montes inimaginables. No hubo en ellos una razón mayor para la paz, ni razón poderosa para la plenitud infinita más que tu voz diciendo que me amas...así volvió de su sueño la gloria impertérrita y perdida, así se posó sobre tu piel para gobernar en ti, para ungir de maravillas cada aliento de tu boca, cada fina expresión de tu divina creación.


Te Amo María de los Ángeles...más que a vivir, más que a vivir...