Selah


De nuevo aquí, sentado con mi cobertor azul que se transforma en uno de cuadritos azules y líneas rojas y...¿"beige"?, sí, puede ser; "beige es una palabra de origen francés que designa un color compuesto de ocre, blanco y siena, a medio camino entre el amarillo y el marrón". Bien, hace frio según yo, aunque a veces no se trata sólo del clima, lo sabes. Selah.

Suena el timbre, no abriré. Si no es para el arrendatario, que pase el que quiera, no me importa. Me fumé el último cigarro, he sido una maldita sanguijuela de los fondos de mi hermano mayor. Ahora, como si fuera poco, mi mal educado organismo me exige, más que cigarros, la inmadura escapatoria de la ebriedad. Mala suerte, si pudiera lo haría, alimentaría esa triste y romántica escena del enamorado perdido en la confusión de un quiebre rápido e inexplicable que destrozó su corazón. Higaion Selah.

Ahora entiendo de dónde vino el error. Versículos 26 y 27 del primer capítulo del Génesis:
"26Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó."

¿No debió preguntarle primero al sabio Abraham señor? ¡O a nuestro sádico resurrector Elías!, por último él nos habría decapitado en tu nombre en el momento en que nos mandamos la primera cagadita, ahí cuando ni siquiera había aumentado la población inicial. ¿Ya ves lo que pasó después?, me tinca que los animales hubiesen vivido en paz y ahora mismo las imágenes del Amazonas que salen en el "Animal Planet" serían una triste representación del Averno.

Ya veo a qué viene mi condena. Existo. Higaion Selah.

Te quiero conmigo, dame una razón. Dios mío ¿por qué me haces sufrir?...¿por cuestionar tus errores? ¡Todo es en un tono positivo!

Una atalaya de fuego, el susurro de la lluvia al morir en su magnífica figura, como un verso que muere anónimo en tu piel. Soldados sin nombre, hijos de la guerrilla que significa el amor. No serán comandantes del pueblo, sino combatientes de mi pecho. Poderosos, la muerte no los asusta, los azuza a lanzarce con el corazón entero allí, donde tantos otros murieron heróicos. Selah.

Versos de epopeya, combatientes anónimos y encomiables, hermanos míos, fuego de fusil y noche, de revolución y eternidad. Higaion Selah.

Saludos al miedo hijo de puta...

A la cautela, acompáme esta vez, ¿sí?

Saludos Francisco, gracias por actualizar. (TARCANOS AL PODER).

Modus Operandis


La vida tiene una sutil forma de actuar. La he visto violentar inmisericorde a cada desdichado que ha caido en la incerteza de abrazarla. Lenta y venenosa, fría y calculadora. Besa, jura, entrega, volviendo sus ojos almendrados y vivos hacia el corazón. Besa, jura, engaña, toca mis labios con besos de néctar, abraza mis sueños con su aroma natural, con sus labios maduros y maternales. Fuego, ventura, pasión y ternura, todo en un segundo y para siempre. Besa, jura, como jura, con el corazón de una ninfa inocente entre sus dedos delgados y estremecedores.

Culpable de creer en ella, de seguir sus aroma inmaterial. Maldita sea la vida, maldita su enfermiza forma de hacerme aferrarme a esa esperanza infantil y tonta de que el amor vendrá un día con sus brazos acogedores a fundirme en su pecho.

Ha muerto, juro que ha muerto.

Antes que la verdad absoluta está la creencia absoluta. Estúpido infantil, la vida no sabe amar, no concibe el amor, por eso quita de mí cada dulce amor que copa mi pecho. ¿Por qué juro mi negación absoluta? Es fácil de entender, ¿no crees? Y es que esta vez la certeza era absoluta. Hoy no olvidaré, ni hoy ni mañana, ni nunca.

Desde hoy seré un...excéptico. Sí, el más acérrimo, el más fundamentalista. ¿Dónde queda la magia ahora?, ¿dónde está el amor ahora? Sí, aquí, inclemente en mi pecho. Intenso y despiadado, azuzando a la ausencia a reirse de mí.

No es tu culpa, es mía...por creer en esta vida cruel y enferma.

Sabes lo que siento.

Sin Cesar...


Una Noche de estas, conversando a susurros antes de dormir.

-Tengo mucho miedo mi amor.
-¿Por qué?
-Porque siempre evito perder el control.
-¿A qué te refieres?
-No dejo que se me escape el corazón, pero ya se me escapó.

Callaste...

-Perdóname.

Silencio, tus dedos se colaron entre los míos, pero seguías callada.

-¿Y es que no debo amarte así?

Silencio, seguías inmóvil a mi lado.

-¿Es que el silencio quiere decir que no lo acepto?
-Es que...

Silencio, busqué tus labios con mis dedos, como queriendo comprobar que estaban inmóviles. ¡Exacto!, rezaban algo, algo que no podía descifrar.

-¿Qué dices?

Silencio.

-Eres tan complicada amor, ¿por qué no dices que me amas?
-¿Y si no te amo?

Esta vez el silencio era mío.

-¿No callarías tú si yo te dijera lo mismo y no me amaras como yo espero?
-No lo sé.

Silencio, mi corazón al borde del llanto.

Te acercaste a mi boca lentamente, yo temblaba de temor, ¿y si tus labios estaban amargos? "Cruel, destino cruel", me decía a mí mismo.

Tus labios blandos golpeaban los míos con vehemencia indómita. Te besé en silencio, aún con el corazón perdido en la confusión. ¡Dulces, tus labios estaban dulces!

-Te amo, te amo más que a mi vida, más que a mi vida y mucho más que eso.
-Te amo-tu pequeña, pero poderosa respuesta-.

Esa noche dormimos abrazados, con los labios unidos en un beso nocturno y mágico. Y la misma noche nos envidiaba y maldecía el destino cruel de no poder amar como nosotros nos amamos.