Libertad




Mírame, no tengas miedo de mi aura, es alba para ti, es pura, nueva.

La espera en ti es dulce, como dulce tus labios que no he besado, como dulce es tu piel de aire y manantial. Mírame, no tengas miedo, eres libre ahora, de volar con mis alas, de besar los pétalos voluptuosos de niebla y almíbar. Eres libre de tomar mis manos, de mirarme a los ojos, de vestirte de versos y conquistar la selva y la marea, el universo y la vida.

Aquí estoy, como tu sombra y tu silencio, como quien vigile tu silueta cuando te vayas de aquí. Yo seré quien te espere en la vistosa soledad, en las luces y el destierro, en el amor y las columnas del tiempo.

Mírate como yo te veo ahora, libre, tan libre como el pensamiento, libre, tan libre como el verso nuevo, como la más tenue suavidad.

Mírate en medio del universo, eres sólo tú, viva y poderosa, eres la gloria del final y la magia del alumbramiento.

¿Ves?, ya no basta mi verso, ya no basta el silencio. Tú, en las manos del destino, del destino que dibujó tu mirada y tu aura de nieve inmortal.

Ya todo lo sabes, eres libre, como lo quiera tu corazón.

Mírame a los ojos y vete ya. No olvides que siempre estaré allí, siempre aunque no te guste así.

La vida no le pertenece a nadie más que a ti.


Un beso en tus labios, allí,
donde nace la poderosa muerte,
la gloria del principio y el final.
Tu boca, delirio de las mareas y el sidéreo,
locura del alumbramiento,
del deseo y la ternura,
del sueño más imperecedero.

Volvías temerosa
cuando te vi asolada por el silencio;
¿estás allí
o es sólo tu corazón
que regresa azuzado por el amor sin orgullo,
por el palpitar sin nombre y la certeza nebulosa?

¡Silencio!,
no digas mi nombre,
no me dejes oír tu corazón,
que me golpea la incerteza de tus palabras
y el poder de tus caricias.

(Susurro)
Abrázame amor,
no temas al frío de ausencia,
no temas a la vida,
estoy contigo,
embravecido por el poder de tu esencia vegetal y fresca.

Fruto divino,
enardecido y quieto,
podría el destierro de tu voz
llevarme a beber las mieles de tu ausencia,
podría tu voluntad hacer morir mis versos
sin batallas ni revolución,
pero allí,
en el centro de la nada,
solitaria y desolada
ardería la llama de mi amor
por sobre la quietud del silencio sordo.

Diosa del mar,
de las fuentes inmateriales,
de las lágrimas y la alegría,
búscame,
sin razón ni certeza,
búscame,
sin motivo ni espera,
ámame sin ataduras,
libre,
libre,
extasiada de libertad y desvelo.

Volvías temerosa
cuando te vi asolada por la niebla;
¿qué quieres decirme?,
¿que calla tu boca mas no tu corazón?

La luna se despide de mis ojos,
el viento ha cesado,
el rocío te baña bendito,
bendita tu piel y bendito el rocío,
benditos mis versos que sólo viven para amarte.

Más allá de mí
está tu reino de espigas y pétalos dorados,
tu reino de cristales refulgentes,
de acordes y llantos de viola,
de humo perfumado
y néctares mortales.

Silencio amor,
que la quietud sea el único testigo de nuestro amor,
de nuestras miradas dormidas
en el éxtasis dormido de la contemplación.

Más allá de mí
está tu reino violeta,
tu reino vegetal y vivo,
más allá de mí yacen tus dominios liberados,
tus bosques voluptuosos y húmedos.

Mía, tan mía como la nostalgia, mía, tan mía como el amor.

Te Amo.

Mi Amor:


Naciste de la luna,
amor de las galaxias,
del vientre del silencio,
allí,
donde los canales ebullen en marea y revolución.
Naciste cuando los hielos del apogeo
se alzaban sobre el vientre de mi madre.

Poderosa, dulce e indescriptible,
tu mirada es clara
como la danza de las estrellas crepitantes
que saludaban tu alumbramiento.

"No temas hija, estás conmigo", se oía desde el cielo sin cesar, desde el abismo último, donde descansan las almas de los Dioses.

Almíbar y sépalos,
néctares violáceos y rojos,
púrpuras canciones,
hojas de ciprés y gloria,
así fuiste engendrada
en el vientre de la primera musa del cielo,
en las entrañas del poderoso fuego, del protector interminable.

Vida, sueños y desganos,
sonrisas blancas, lácteas y nerviosas,
¿aún saben amargos tus labios?

Déjame beber,
no me niegues la narcósis de los cielos,
la embriagante esencia de tus labios maduros
como damascos de verano.

Eres tú como la nieve,
pasional, desgarradora,
alba y despojada.
Eres como el aire,
tan suave, tan tenue
como canto de luciérnagas en la nada.

Dame un segundo de tu vida
para contemplarte dormida a media luz,
para abrazarte y quedar sin vida,
sumido en el vaivén de tu pecho quieto
como primavera de pétalos sanguíneos.
Dame la vida para perderla en ti,
en la bohemia desesperada de amarte,
de sentir tu voz tocando mis mejillas,
de sentir tu mirada
golpeando inclemente mi frente vencida.

¿Dónde yace el secreto de tu gloria?,
¿dónde yace el secreto de tu cintura de miel,
de tu piel de estigma y almíbar?

Duerme,
duerme tranquila,
no temas al frío de ausencia,
yo estaré contigo,
hasta que muera mi aliento,
hasta que lo pida tu corazón.
Duerme,
que este mundo es nuestro,
de tu belleza y mi locura,
de tu victoria exacta
y mi derrota inevitable.


Silencio, nos van a oír, van a oír el latir de nuestros corazones.